miércoles, 1 de febrero de 2017

La Endiablada. Almonacid del Marquesado.

Dos grupos artísticos son los protagonistas principales de las fiestas de Almonacid del Marquesado y ambos con un carácter opuesto, pero complementario. Mientras los diablos visten estrafalariamente, producen gran estruendo con sus cencerros y no guardan un ritmo de conjunto, las danzantas llevan prendas delicadas, acicaladas con sumo cuidado y esmero, bailan al son rítmico de la música, recitan versos y deben guardar una coreografía cuidadosamente ensayada.

Los espectaculares saltos y danzas de los diablos tienen su debido contrapunto en los acompasados movimientos de las danzantas al son de la dulzaina y el tambor. Es esta contraposición la que hace que la fiesta adquiera un carácter único, excepcional, dado que se aúnan manifestaciones religiosas de muy diferente cariz, encontrando cada una su lugar en un equilibrio admirable entre lo ordenado y lo confuso, entre lo estrambótico y lo armonioso, entre lo divino y lo humano.

2 Febrero.


8:00. Los diablos comienzan el día con las primeras luces del día, juntándose en la casa del diablo mayor y comenzando sus vueltas por el pueblo. En primer lugar, acuden a la casa de la Madrina mayor de la Virgen Candelaria para recoger la torta de mazapán de la Virgen que, pasada la fiesta, se sorteará. Mientras los diablos recorren el pueblo, un grupo de los mismos va de puerta en puerta mostrando la torta de la Virgen a los vecinos. Además recogen en cada hogar dulces para la hermandad de los diablos. Este recorrido los tendrá ocupados gran parte de la mañana hasta poco antes de la procesión y culmina en la iglesia, donde se anticipan las danzas ante la virgen durante un breve tiempo.

12:00.
Da comienzo la procesión, uno de los momentos más vistosos del día. Encabeza la procesión el estandarte de la hermandad de la Virgen seguido de los diablos, que danzan y saltan dando carreras a gran velocidad delante de la imagen profiriendo vítores con gran emoción y extraordinario esfuerzo. Tras la Candelaria se sitúan las autoridades y los sacerdotes y, finalmente, las danzantas, que no cesan durante toda la procesión en sus danzas y vítores a la Virgen acompañadas de la música de dulzaina y tambor.

A continuación de la procesión tiene lugar la misa y, al término de la misma, los diablos vuelven a pasar a la iglesia, aunque enseguida dejan el protagonismo para las danzantas. Cada una lleva una pieza del tradicional arado: pescuño, vilortas, cama, dental, reja, orejeras, esteba y timón. Cada pieza tiene un verso cantado con sentido religioso.

17:00. Lavado de cara de San Blas. Los diablos, que ya han cambiado su tocado por la mitra episcopal de San Blas, se dirigen en primer lugar al cementerio para recordar a los hermanos difuntos. A continuación, tras dar una vuelta por el pueblo, se encaminan a la iglesia portando cada uno una vela. Una vez allí, el diablo mayor se sitúa junto a la imagen del santo y comienza a lavarla con un paño y una botella de aguardiente, en recuerdo de los pastores que, según la leyenda, lavaron la efigie del santo cuando lo encontraron. Además adorna la imagen con las cintas y los exvotos ofrecidos por personas piadosas o en agradecimiento por su santa protección. Mientras tanto, los diablos no dejan de danzar ante el santo excepto en el momento en que el diablo mayor toma la palabra para proferir los protocolarios vítores que se responden con ímpetu por la hermandad y el público.

20:00. Se da una última vuelta al pueblo que concluye con los diablos danzando en la plaza en torno al diablo mayor, el cual da pie de nuevo a los vítores y se despide hasta el próximo día.

3 Febrero


8:00. Comienza el día de la misma manera que la jornada anterior, reuniéndose en casa del diablo mayor para comenzar el recorrido por el pueblo. En esta ocasión, los diablos llaman a cada puerta para recoger el dinero que la hermandad empleará en sus gastos. Terminan poco antes de la procesión danzando brevemente dentro de la iglesia.

12:00. La procesión en honor a San Blas tiene el mismo recorrido que la de la Candelaria. El orden de la procesión es el mismo y la única diferencia apreciable está en la mitra episcopal que portan los diablos en lugar del gorro floral de la virgen. Las danzas, los vítores, las carreras y saltos de los diablos alcanzan su punto culminante en honor del santo protector de la garganta y la afluencia de público de los pueblos vecinos, del resto del país y de visitantes extranjeros suele ser aún mayor que la del día anterior.

A continuación tiene lugar la misa, que concluye con la llegada de los diablos a la iglesia. Siguiendo el mismo ritual que el día anterior, se monta el arado y se recitan los dichos en honor a San Blas, momento en que los corazones de los asistentes se vuelven a encoger de la emoción. Finalmente, los diablos danzarán insistentemente dentro de la iglesia y parecen resistirse a abandonar el templo pues saben que no podrán volver a danzar a su patrón hasta el año siguiente.

17:00.
Los diablos vuelven a recorrer todo el pueblo comenzando por las calles situadas hacia poniente y acabando en la plaza.

20:00. Es la despedida. Los diablos vuelven a dar una vuelta a todo el pueblo, esta vez acompañados por numerosos vecinos que parecen querer disfrutar de la fiesta hasta el último momento. Cuando llegan a la plaza, rodean al diablo mayor danzando y éste intenta hacerlos callar elevando su porra y haciendo círculos con la misma, lo cual suele conseguir después de varios intentos infructuosos. Cuando por fin cesa el sonido de los cencerros, el diablo mayor eleva la voz para gritar: “¡Viva San Blas!, ¡viva la Candelaria!, ¡vivan las autoridades!, ¡viva el cura párroco!, ¡vivan las danzantas!, ¡vivan los forasteros!, ¡viva el acompañamiento!, ¡viva la endiablada!”. Cada vítor se responde al unísono por los diablos. Finalmente el diablo mayor dice: “Hasta el año que viene, si Dios quiere”. Los diablos continúan danzando, resistiéndose a abandonar la plaza hasta que, poco a poco, se van apagando los cencerros, que no volverán a sonar hasta el año siguiente. 

Almonacid del Marquesado. Cuenca.


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