No es infrecuente el homenaje de un artista moderno o contemporáneo a un maestro antiguo. Es el reconocimiento de la admiración por el arte del pasado que se ha hecho clásico, es decir: clásico porque es permanente y, por tanto, referencia continua del presente.
La pintora Soledad Fernández siente una singular admiración por el maestro Rogier Van der Weyden y en particular por su célebre cuadro El Descendimiento,
De esta clara admiración la pintora madrileña pasó a dedicar un homenaje al pintor flamenco, a través de una espléndida recreación pictórica del tema del dolor y el sufrimiento humanos, pero sin el trasunto religioso del pintor flamenco ante el Hombre que ha muerto.
Entrada libre.
Hasta el 15 de junio. Lunes a sábados de 11.00 a 14.00 . y de 18.00 a 21.00 h. Domingos de 11.00 a 14.00 h. Ateneo de Madrid. Sala Espacio Prado. C/ Prado 21. Madrid.
La pintora Soledad Fernández siente una singular admiración por el maestro Rogier Van der Weyden y en particular por su célebre cuadro El Descendimiento,
De esta clara admiración la pintora madrileña pasó a dedicar un homenaje al pintor flamenco, a través de una espléndida recreación pictórica del tema del dolor y el sufrimiento humanos, pero sin el trasunto religioso del pintor flamenco ante el Hombre que ha muerto.
Entrada libre.
Hasta el 15 de junio. Lunes a sábados de 11.00 a 14.00 . y de 18.00 a 21.00 h. Domingos de 11.00 a 14.00 h. Ateneo de Madrid. Sala Espacio Prado. C/ Prado 21. Madrid.
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